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Las residencias de mayores trabajan en uno de los entornos más sensibles y exigentes que existen. No solo gestionan instalaciones o servicios asistenciales, sino que conviven diariamente con una enorme responsabilidad humana, sanitaria y legal.

Sin embargo, a pesar de esta realidad, muchas residencias siguen contratando sus seguros desde un enfoque excesivamente genérico, sin analizar en profundidad los riesgos reales a los que están expuestas.

El problema es que los errores en la contratación de seguros rara vez se detectan en el momento de firmar la póliza. Normalmente aparecen cuando ocurre una reclamación, una inspección o un siniestro importante.

Y entonces, corregirlos ya no es tan sencillo.

La falsa sensación de estar correctamente protegido

Uno de los errores más habituales en el sector residencial es pensar que tener varias pólizas contratadas equivale automáticamente a estar bien asegurado.

En muchas ocasiones, los centros cuentan con seguros de responsabilidad civil, daños materiales o accidentes, pero las coberturas no están realmente adaptadas a la actividad diaria de la residencia.

Esto genera una sensación de tranquilidad que puede desaparecer rápidamente cuando surge un problema y se descubre que determinadas situaciones no están contempladas, que los límites son insuficientes o que existen exclusiones que nadie había valorado adecuadamente.

En este tipo de centros, no basta con tener seguros. Lo importante es que respondan a la realidad del servicio que se presta.

No analizar correctamente la actividad del centro

Cada residencia tiene características propias. No es lo mismo un centro pequeño que una residencia con unidades especializadas, atención sanitaria continuada o servicios complementarios específicos.

Sin embargo, muchas pólizas se contratan utilizando esquemas estándar que no tienen en cuenta estas diferencias.

La actividad asistencial, el número de residentes, el perfil de dependencia, la existencia de personal sanitario o incluso determinadas instalaciones pueden modificar considerablemente el nivel de riesgo del centro.

Cuando este análisis previo no se realiza correctamente, es fácil que aparezcan carencias de cobertura que solo se descubren cuando ya existe una reclamación en marcha.

Infravalorar la responsabilidad civil

La responsabilidad civil es uno de los pilares aseguradores más importantes en una residencia. Y precisamente por eso, uno de los aspectos donde más errores se producen.

En algunos casos, las coberturas contratadas resultan insuficientes para responder ante reclamaciones complejas. En otros, las pólizas no contemplan adecuadamente determinadas actuaciones asistenciales o situaciones vinculadas al cuidado diario de los residentes.

Además, el incremento de la sensibilidad social y la mayor exigencia de las familias han provocado un aumento significativo de reclamaciones en el sector, muchas de ellas relacionadas no solo con daños físicos, sino también con aspectos vinculados a la atención, supervisión o protocolos internos.

Por eso, revisar únicamente el precio de la póliza sin analizar el alcance real de la cobertura puede convertirse en un error especialmente grave.

Pensar solo en el daño material

Otro de los errores habituales es centrar toda la atención en los daños visibles: incendios, agua, robos o averías.

Sin embargo, en una residencia, muchas veces el mayor impacto no está en el daño material, sino en las consecuencias operativas y reputacionales que puede generar un incidente.

La paralización parcial de la actividad, la pérdida de confianza de las familias o la exposición pública derivada de una reclamación pueden afectar seriamente al funcionamiento del centro.

El seguro debe plantearse desde una visión global del riesgo y no únicamente desde la protección de las instalaciones.

No revisar las pólizas con el paso del tiempo

Las residencias evolucionan constantemente. Aumentan plazas, incorporan nuevos servicios, reforman instalaciones o modifican protocolos asistenciales.

Sin embargo, muchas pólizas permanecen prácticamente iguales durante años.

Este desajuste entre la realidad del centro y la cobertura contratada puede generar problemas importantes cuando ocurre un siniestro. Capitales insuficientes, actividades no declaradas o cambios no comunicados son situaciones mucho más frecuentes de lo que parece.

El seguro debe evolucionar al mismo ritmo que la residencia, y para eso, la revisión periódica resulta fundamental.

El valor de contar con un asesor especializado

Las residencias no necesitan únicamente una póliza. Necesitan un asesoramiento capaz de entender cómo funciona realmente su actividad.

El papel del asesor especializado en el sector sanitario consiste precisamente en analizar los riesgos desde una visión integral, adaptar las coberturas a la realidad del centro y anticipar posibles problemas antes de que aparezcan.

Además, este acompañamiento permite interpretar correctamente las necesidades aseguradoras de la residencia y garantizar que la protección evolucione junto al propio negocio.

Proteger bien una residencia es proteger mucho más que un edificio

Detrás de cada residencia hay residentes, familias, profesionales y una enorme responsabilidad diaria. Por eso, la contratación de seguros no debería abordarse únicamente como un trámite administrativo.

Una protección bien diseñada permite trabajar con mayor tranquilidad, afrontar situaciones complejas con seguridad y garantizar la continuidad del centro incluso en momentos difíciles.

Cuando se trabaja cuidando de personas, estar bien preparado también forma parte del cuidado.

Por Esther Zaplana – Asesora de seguros del sector sanitario en Torres Asesores de Seguros